mardi 1 mai 2012

¿Quién es quien en el tabaquismo?

En cuestión de tabaquismo, la población que consume cigarro puede ser clasificada en:
·         Fumadores: Se Incluyen tanto a las personas que consumen cigarro de forma habitual como los que lo hacen de forma esporádica. No existe una clasificación que unifique  quién debe ser considerado fumador leve, moderado o severo ni del límite que determina al fumador habitual del espor{adico. En los trabajos científicos suelen aparecer rangos de clasificación pero estos son variables y arbitrarios, así, y a modo de ejemplo, un fumador de mas de 20 cigarrillos al día podría llamarse fumador severo, entre 10 y 20 moderado y menos de 10 leve. Pero es necesario hacer algunas consideraciones:
-        No sólo debe tenerse en cuenta el número de cigarros ya que no todas las personal que los consumen lo hacen de la misma manera pudiendo habiendo variaciones en la profundidad de la calada, el tiempo de retención del humo en sus pulmones, el tipo de tabaco consumido ... etc.
-       Ante el mismo nivel de exposición hay diferencias en cuanto a la susceptibilidad de las personas para desarrollar las enfermedades relacionadas con el tabaco. Así, no puede equipararse el riesgo de fumar en una embarazada o en un enfermo crónico que en un sujeto sano.
-       El nivel de exposición al tabaco tiene un efecto acumulativo, por lo que aparte del consumo actual o puntual debe considerarse el consumo global a lo largo de toda la vida. En este sentido, los médicos toman en cuenta un índice denominado" paquetes-año" y que no se refiere al consumo de paquetes al año sino al consumo de tabaco durante toda la vida del sujeto. Se calcula multiplicando el número de paquetes al día por el número de años fumando esa cantidad. Veamos un ejemplo: Un fumador de 1 paquete al día durante 5 años y que posteriormente incrementa su consumo a un paquete y medio al día durante 20 años más, será un fumador de: (1 x 5) + ( 1,5 x 20) = 5 + 30= 35 paquetes-año. 
·         Exfumadores: Tampoco está bien establecido el tiempo necesario para considerar a un paciente como exfumador. Lo más habitual es admitir el plazo de un año de abstinencia. Sí existe acuerdo en relación a que la abstinencia debe ser absoluta, sin recaídas.
·         No fumadores: En este grupo se clasifican los sujetos que nunca han tenido una exposición al tabaco de forma activa ni mantenida.
·         Fumador pasivo: Al consumir un cigarrillo se producen dos tipos de corrientes de humo: la primera (corriente principal) es aquella que, al aspirar una calada, pasa por el interior del cigarrillo hasta alcanzar los pulmones del fumador activo; la segunda (corriente secundaria) es la que se desprende al ambiente desde el extremo incandescente del cigarrillo y que puede ser inhalada por un sujeto pasivo que respira en ese entorno contaminado. Aunque en nuestro medio se consume tabaco principalmente en forma de cigarrillo, la venta de puros está creciendo a gran velocidad y otras labores alternativas como los bidi (pequeños cigarrillos originarios de la India de fabricación semiartesana y con sabores variados: fresa, chocolate, frutas ...), o el tabaco de mascar se están introduciendo en determinados colectivos.

El tabaquismo: un problema de salud creciente

El tabaquismo es considerado como la primera causa de muerte prevenible en Estados Unidos, en donde diariamente empiezan a fumar 3,000 adolescentes. El 90% de los fumadores inician con este hábito antes de los 20 años siendo el 28% de los consumidores del sexo masculino y 24% del femenino.
En el mundo aproximadamente 1.1 billones de individuos suelen fumar, lo que representa una tercera parte de la población a nivel mundial; de éstos, la proporción hombre mujer es de 2:1 en países desarrollados y hasta de 7:1en los subdesarrollados, con una tasa de mortalidad anual promedio de 3 millones de personas por enfermedades relacionadas directamente a la adicción al cigarro.
En el humo del tabaco se han reconocido más de 4,000 substancias químicas, algunas de ellas generan adicción y otras están relacionadas al desarrollo de enfermedades cancérigenas.
En 1993 se realizó la encuesta nacional de adicciones en población urbana mexicana, la cual reveló que el 25% de los entrevistados entre 12 y 65 años de edad eran fumadores, predominando el sexo masculino, por lo que de acuerdo a la población, se calcula que aproximadamente existían para ese entonces, 10 millones de fumadores. Además, a este número de consumidores de tabaco se agregan aquellos sujetos expuestos de manera involuntaria a inhalar el humo del cigarrillo, es decir los llamados fumadores pasivos.
El inicio del tabaquismo suele asociarse a sensaciones de bienestar, situaciones agradables e incluso cierto status social, desafortunadamente los efectos nocivos de esta adicción se anifiestan desde el principio de su consumo, por lo que se le resta importancia al riesgo que implica para la salud su uso continuo. Por lo general varios años después de iniciado el consumo regular del tabaco se presentan las manifestaciones clínicas en diferentes órganos.
Entre las enfermedades más frecuentemente asociadas al tabaquismo se encuentran la bronquitis crónica, el enfisema pulmonar, el cáncer pulmonar y mayor susceptibilidad a infecciones en vías respiratorias altas, faringitis crónica, disfonía, infecciones de repetición, cáncer de lengua y cáncer de faringe; a nivel cardio vascular, el tabaquismo representa uno de los principales factores de riesgo para cardiopatía isquémica, sin embargo, también se asocia a aterosclerosis, enfermedad cerebro-vascular, enfermedad oclusiva arterial periférica. Desde el punto de vista práctico, el diagnóstico de las diferentes repercusiones se realiza en forma tardía, cuando muchas de las enfermedades cursan con complicaciones severas

El tabaquismo social: la influencia del ambiente en el hábito



Sin embargo, ¿basta esta serie de efectos placenteros y tranquilizantes por sí misma para llevar al fumador a consumir cotidianamente algo con un alto potencial de riesgo? ¿Qué es lo que hace que la gente fume? Muchos estudiosos sostienen que el principal factor que incita a las personas –sobre todo a los adolescentes y jóvenes adultos- a fumar, se encuentra en su ambiente social y económico. Los amigos, las personas que nos impresionan o a quienes buscamos impresionar, la gente que nos rodea en nuestra vida diaria; todos ellos condicionan lo que somos y queremos ser, y si queremos ser parte de un grupo de gente que fuma, es casi natural y lógico que aspiraremos a ser fumadores (y además aspiraremos mucho humo en el inter) buscando identificarnos con las personas con las que tratamos o bien obtener acercarnos a ellas de forma más amistosa y aceptable para ellos. Así, si, por ejemplo, mi jefe fuma y yo también, estaremos unidos por nuestro gusto al tabaco y será más fácil volverme su amigo, obtener un aumento o simplemente ganarme su respeto, y lo mismo pasa con un grupo de gente al que quiero pertenecer o la chica que me gusta: para muchos, se trata de un factor de identificación, ya sea con el grupo al que pertenecen, o con alguna figura que se pretende emular. En algunas partes del mundo se trata incluso de un factor cultural intrínseco debido a los siglos de historia y de tradición que tiene el uso de tabaco en tanto que práctica cultural ancestral en distintas sociedades. En efecto, y nos guste o no, el tabaco ha formado parte de la vida sociocultural de la humanidad durante siglos y su uso ha moldeado una parte muy importante de nuestra civilización moderna y su uso ha llegado hasta nosotros de generación en generación como práctica heredada, en ocasiones altamente refinada y pulida a lo largo del tiempo. Ante este hecho surge una pregunta interesante: ¿es posible cambiar por completo a la humanidad y sus valores?

Este hecho, independientemente de sus múltiples implicaciones, nos lleva a asumir que el tabaco no es sólo una cuestión de individuos, sino una práctica que se inserta en nosotros a partir de nuestro ambiente mismo: el lugar donde vivimos, crecemos, estudiamos y trabajamos, el círculo familiar que nos rodea, la publicidad y modelos de comportamiento que vemos a diario en las calles y en los medios nos condicionan de alguna manera para fumar o no hacerlo y definen la manera en que percibimos e interpretamos el acto de fumar. Conscientes de ello, muchas organizaciones de salud y grupos activistas han tratado en los últimos años de borrar las huellas culturales del humo en la sociedad a través de todo tipo de acciones e iniciativas que constituyen la base de las leyes antitabaco y programas educativos o de prevención sanitaria vigentes en la actualidad en una gran variedad de países, tales como el aumento significativo y gradual en el precio en los productos de tabaco, la limitación o prohibición expresa de su venta en ciertos lugares, la imposibilidad de anunciarlos en medios y varias otras destinadas a frenar en seco su uso, pero también –en cierta medida- modificar los valores culturales  que hemos heredado de generación en generación con tal de obtener una nueva sociedad libre de fumadores. ¿Es esto válido o factible? Nos interesa su opinión.

¿Por qué fumar resulta placentero para los fumadores?


Al descomponerse por medio de la combustión –su modo de uso más frecuente- o metabolizarse de otras maneras, el tabaco libera una enorme cantidad de sustancias en el cuerpo del fumador que lo hacen sentirse alerta y despierto, además de concentrado en su trabajo, sin por ello sentirse agobiado, lo que hace que muchos fumadores suelten la tensión acumulada durante el día con un cigarrillo –o más frecuentemente varios, para  desmayo de mucha gente- . Según los reportes de varios fumadores, el efecto ansiolítico del tabaco le permite al individuo calmarse y enfocarse mejor en sus actividades, lo cual, aunado a su necesidad de mayor energía y rendimiento en su desempeño podría explicar la razón por la cual es ampliamente utilizado junto a sustancias estimulantes como la cafeína para equilibrar sus efectos en el organismo. El uso de tabaco también ha sido señalado por varios como un factor en la disminución del peso corporal, esto debido a que disminuye el apetito y altera los sentidos del gusto y el olfato, haciendo poco apetitosa la comida. Evidentemente, ninguno de estos supuestos beneficios se compara con los riesgos sanitarios que implica y, en el caso del último ejemplo proporcionado, se trataría más bien de los efectos de un desorden alimenticio asociado a su uso más que a alguna propiedad química específica del cigarrillo o alguno de sus múltiples componentes. Sea como sea, el uso de los cigarrillos, según reportan quienes los consumen, disminuye la tensión y el estrés diarios, tranquiliza el cuerpo y la mente, relaja los músculos y aumenta por un corto periodo de tiempo los niveles de atención y concentración de quienes fuman, factores todos que por sí mismos reflejan un creciente factor de dependencia orgánica y psicológica, apuntalada después por factores estrictamente químicos y fisiológicos, al habituarse el organismo a la administración constante de estas sustancias al torrente sanguíneo.

¿Cuáles son las causas del tabaquismo y qué consecuencias tiene para la salud?


Según varios estudios científicos modernos (y no tanto) el tabaquismo tiene serias repercusiones para la salud, no sólo del individuo, sino también de aquellos que lo rodean. A nivel estrictamente orgánico e individual, el tabaco, en función de sus múltiples componentes, crea efectivamente en primer término una dependencia orgánica a la nicotina, principal sustancia activa del tabaco y, por ende, componente esencial del cigarrillo, pero también a otras sustancias adicionadas al mismo para potenciar sus efectos químicos, tales como miel, azúcar, cacao y varias más que, al arder con la combustión del cigarrillo, producen IMAO ( inhibidores de la monoaminooxidasa), mismos que constituyen una especie de antidepresivos, cuyo consumo favorece, en segundo término, una creciente dependencia psicológica a su uso. El uso prolongado de tabaco y sus derivados está directamente relacionado con una gran cantidad de síntomas y desajustes orgánicos que culminan en la mayoría de los casos, y muy particularmente cuando se fuma, que es su modo de uso más común y generalizado, en todo tipo de enfermedades y padecimientos crónicos o terminales tales como pérdida gradual de los sentidos del gusto y el olfato, enfisema pulmonar, bronquitis aguda, halitosis, decoloración y pérdida prematura de los dientes,  asma crónica, envejecimiento prematuro y resequedad de la piel, cánceres de garganta, y pulmón, desajustes en la presión arterial, mala circulación sanguínea, baja de la fertilidad, deformación o bajo peso en los recién nacidos, abortos y nacimientos prematuros entre otros, que disminuyen dramáticamente la calidad de vida del fumador además de su expectativa vital, por no decir los de las personas  de su entorno, que reciben el nombre de fumadores pasivos en razón de estar continuamente expuestos a sus emisiones de humo. Todo esto lo convierte en un peligroso factor de riesgo que todo fumador debería considerar por lo menos un momento antes de encender un cigarrito y decidirlo, si no a dejar de fumar, por lo menos sí procurar hacerlo en exteriores o áreas con ventilación y filtración de aire adecuadas.

¿Qué factores influyen en el desarrollo del tabaquismo?

El tabaquismo es una alteración conductual crónica, con factores de riesgo ambientales, cuya base psicológica es la creciente dependencia a la nicotin, principal agente activo del tabaco.
Algunos aspectos que intervienen en el proceso de dependencia a esta sustancia son:
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Factores ambientales y sociales: el proceso de adicción a la nicotina suele realizarse por etapas. La mayoría de los fumadores tiene cierta suceptibilidad que inicia con la experimentación o iniciación, durante la cual la persona es incitada a fumar los otros o bien por conceptos culturales adquiridos. Posteriormente, factores como susceptibilidad, bajo nivel educativo, relación con otros fumadores, o falta de preocupación por parte de los padres, hacen que se llegue al uso permanente del tabaco.
* Factores psiquiátricos: Factores como la propensión a la depresión, déficit de atención, ansiedad, bipolares, alcoholismo, drogadicción o esquizofrenia han sido asociados al tabaquismo, debido a que son posibles causas que lo provocan y estimulan.
La nicotina tiene efectos antidepresivos, por lo que al tratar de dejarlo, los pacientes experimentan síntomas depresivos o recaídas. Podría haber un nexo biológico entre el tabaquismo y los síntomas de esquizofrenia: se ha sugerido que la expresión alterada de un receptor nicotínico en el cerebro sería responsable de los déficits en el procesamiento de información en esta enfermedad. Como se requiere un gran nivel de nicotina para activar dichos receptores, el tabaquismo sería un intento por corregir este déficit en personas con esquizofrenia. Además pueden influir las propiedades dopaminérgicas de la nicotina.
*Mecanismos neuronales: el sistema dopaminérgico mesolímbico es crítico para mantener los efectos de varias drogas adictivas como la nicotina. La nicotina estimula la liberación de dopamina por activación de receptores de acetilcolina. También podrían participar alteraciones en los sitemas colinergico, serotoninérgico y de los opiodes (por ejemplo, la nicotina inhibe la monoamino oxidasa [MAO] en el cerebro, que está involucrada en el metabolismo de las catecolaminas).
*Factores genéticos: algunos estudios han revelado que existe una influencia genética en el tabaquismo. El riesgo de iniciación en el tabaquismo estaría influido por factores genéticos y ambientales, pero los primeros contribuirían más al riesgo de persistencia del hábito. Los principales genes involucrados serían los que codifican las enzimas del grupo del citocromo P450, que metabolizan la nicotina, y genes que regulan la función de la dopamina

¿Qué es el tabaquismo?


En pocas palabras, podríamos definir el tabaquismo como el uso frecuente, creciente y adictivo del tabaco por parte del fumador. Ahora, si bien no podemos decir que el tabaquismo pueda considerarse como una enfermedad por sí mismo, sí es un factor desencadenante y coadyuvante en el desarrollo y eventual agravamiento de una gran variedad de padecimientos.

Aunque la nicotina (principal agente activo del tabaco) es una sustancia psicoactiva altamente adictiva, el tabaquismo considerado como condición de riesgo sanitario posee un componente sociocultural muy importante, hasta hace muy poco tiempo justificado y hasta favorecido socialmente, en la que los círculos familiares, laborales, sociales e incluso caracterizador han tenido siempre una influencia decisiva en su desarrollo y extensión.  Podríamos decir que se trata de una condición no tanto patológica sino sociológica que desemboca con frecuencia en problemas de salud agravados y estados alterados de ánimo que tienen altos costos económicos y sociales. Sin embargo, la adicción al tabaco es mucho más que sólo física: la dependencia psicológica al mismo se describe como el deseo compulsivo de fumar en situaciones que ocasionan alegría, nerviosismo, tristeza, angustia o cualquier otra circunstancia de vida, debido a que la persona piensa que el cigarro aliviará o por lo menos disminuirá estas molestias. Esta situación sumada a la dependencia física por la nicotina, hace que los intentos por dejar de fumar sean cada vez más difíciles y frustrantes, lo que lleva a un incremento gradual en el consumo y la creación de un círculo vicioso difícil de romper.